SAILOR MOON CRYSTAL
Han vuelto a hacerlo. Los creadores de Sailor Moon han sabido alcanzar en este segundo arco argumental la genialidad que muchos esperábamos ver en la primera tanda de episodios. Lo han hecho en varias entregas y, entre ellas, destaca sin duda Ataque. Black Lady, el antepenúltimo acto de esta temporada.
Chibiusa, que ha crecido gracias al poder la oscuridad, planta cara a su madre y a las que, una vez más, demuestran ser unas muy ineficaces guardianas. El Señor del Antifaz (Tuxedo Kamen) también repite su papel de galán fácilmente manipulable, por lo que el destino de La Tierra del siglo XXX queda en manos de Sailor Moon y del impredecible príncipe Diamante. Tras una serie de pequeñas muestras de fuerza y una discusión sobre el verdadero significado del afecto ("El amor por la fuerza no es más que otro tipo de amor"), es el príncipe de la Luna Negra el encargado de desenmascarar al Hombre Sabio (Wiseman). Tras su túnica de oscuridad y esa voz jocosa, se encontraba el cadáver del otrora llamado Fantasma de la Muerte. Sin embargo, no tarda en desvelar que su verdadera identidad quedó mimetizada con la del propio planeta Némesis hace décadas.
¿Qué han sido Diamante y su clan en el turbio juego del Fantasma de la Muerte? Meras piezas de ajedrez. A esa misma conclusión llega el príncipe, que se ve obligado a sacrificar a su propio hermano. Mientras, Sailor Moon, adalid del poder de última hora, intenta llevar al límite la mermada fuerza de su Cristal de Plata, prácticamente inoperativo en el futuro. Némesis abre una brecha en el espacio-tiempo y consigue rozar el mismísimo Palacio de Crystal Tokyo, arriesgando la propia existencia del planeta. Es entonces cuando la pequeña gata Diana acude en busca de la guardiana del tiempo, Sailor Pluto (Guerrero Plutón). ¿Será la urgencia suficiente para que la guerrero rompa los tabúes que le impiden abandonar su puesto?
Frente al Palacio de Cristal, el poder de Sailor Moon llega a su fin. Ni el amor, ni la comprensión, ni la luz del propio Cristal de Plata son suficientes para parar a Némesis, y Usagi decide entregarse a sí misma con la única condición de recuperar a Chibiusa. Muy típico de nuestra protagonista. Cuando Black Lady parece haber reunido los dos cristales legendarios (recordemos, versión presente-futuro y versión pasado-presente), un enloquecido Príncipe Diamante se los arrebata. "Todo está en mis manos", dice, mientras Pluto, que ha decidido abandonar su encierro, nos recuerda que si ambos cristales se tocan, la propia existencia de nuestro planeta se convertirá en tabú.
La destrucción está a sólo un paso de distancia y, esta vez, ni el blanco impoluto de Sailor Moon ni el penetrante negro del enemigo de turno son los únicos capaces de decidir nuestro futuro. Esta vez, existe un príncipe gris.


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