La sexta entrega de Refugiados nos traslada hasta el momento inicial de la serie, en la que un cazador mataba, por accidente, a una visitante del futuro. Ahora, la escena se extiende y vemos como una niña pequeña se esconde, asustada, junto al cadáver.
La tensión entre humanos del presente y refugiados es cada vez más insostenible. Se producen disturbios y olas de racismo a escala mundial, y el pueblo de los Cruz no podía ser menos. Tras entregar a Álex, Samuel decide darse un poco a la bebida y a la violencia. En una discusión con Emma, ésta confiesa que sólo fue un beso, y su devoto esposo termina echándola a la calle ante los gritos de su hija. Una escena de lo más educativa para la pequeña Ani. El donjuán del futuro, Álex, es retenido por Óscar y Luis, que han tomado el control de la policía del pueblo. En un intento de liberarse, el refugiado descubre las fotos del cadáver de su mujer, uno de los casos investigados en la comisaría.
Los disturbios se recrudecen en el pueblo, donde la ola de racismo parece imparable. En pleno altercado, Emma se presenta ante la policía y no consigue ninguna ayuda, sólo ser expulsada tras intentar salvar a Álex en un intento desesperado. Los refugiados son conducidos al calabozo o amenazados. En casa de Félix, se vive un caso de racismo bastante más frío y bien orquestado. Gloria consigue quedarse a solas con el joven Cristian, el novio del futuro de su hija. Tras invitar a venir a sus padres (del presente, claro), se le ocurre la genial idea de encerrarlos, y provocar un encuentro superior a los 15 minutos. Éste es el límite que marca la policía intertemporal para detener a los refugiados y familiares que establecen contacto o revelan información.
Álex aprovecha esta ley no escrita y el caos que gobierna el pueblo para engañar a Luis. Con la excusa de querer confesar toda la verdad, termina hablándole sobre la aparente causa del éxodo del futuro. Se trata de una suerte de mutación del virus del resfriado, que contagia masivamente a humanos y animales. Eso, amigo Luis, es información sobre lo que está por venir, y su difusión es ilegal. El aprendiz de policía sabe que, si lo encuentran junto a su fuente, ambos serán detenidos, así que se ve forzado a dejar a Álex. Desconoce que éste es un polizón y, por tanto, carece de chip y no debe acogerse a las reglas.
Nuestro protagonista encuentra el cuerpo de su mujer, Ana, en la morgue. Gracias a la ayuda del forense, da con el cazador que le disparó, que no duda en dejarlo inconsciente. Mientras, en la casa de campo, Ani está en rebeldía contra su padre, y no es para menos. Sam termina aceptando que una desamparada Emma vuelva a casa como inquilina, nunca como esposa. No muy lejos de allí, la hija de Gloria y Félix descubre la artimaña de su madre, aunque ya es demasiado tarde. Puede que Gloria sea uno de los personajes más inteligentes y fríos de la serie, pero la joven Sofía se encarga de poner las cosas en su sitio, guantazo incluido.
Hay buenas personas en el mundo. También en el mundo post-refugiados. El cazador conduce a Álex a una cabaña en el bosque, ante la cual se disculpa por una muerte que, pese a ser un error, lo persigue día y noche. Se quita la vida, dando a Álex la oportunidad de investigar la casa y encontrar, por fin, a su hija Sara. Juntos, huyen en el coche del cazador. Sam también parece haber caído en esta ola de bondad que impregna, de repente, el bosque. Tras pedir perdón a Emma, le dedica unas bonitas palabras sobre la paciencia y el amor: "¿Qué tengo que hacer para demostrarte cuánto te quiero? Perdóname. Perdóname." Las palabras, sin embargo, se las lleva el viento. Tras recibir una llamada en la que Álex le propone que abandone la casa junto a Ani, Sam propina a su esposa una paliza que la deja herida. Ani lo presencia todo, y continúa gestando un odio hacia el que cree que es su padre que dará que hablar en próximos episodios.


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