La situación de los refugiados en la Tierra del siglo XXI es cada día más insostenible. Los hombres del presente comienzan a recelar no sólo de las razones que los han traído a nuestro tiempo, sino de sus intenciones y del presunto carácter pacifista de los visitantes. Todo parece complicarse cuando el rumor de la expansión de una misteriosa enfermedad se propaga de un país a otro.
El matrimonio Cruz ha arreglado, por fin, sus diferencias. Emma intenta seguir adelante mientras Samuel empieza a atormentarse con el hecho de haber matado a tres personas (cosa que hizo Álex, todo sea dicho) y haberlas enterrado en el bosque junto al perro. La situación en el pueblo tampoco es idílica: el racismo cala tan bien como las sospechas hacia la familia Cruz: la policía haya el coche de Lucas, y todo apunta a nuestros queridos protagonistas. Óscar, el chico malo de la armería, averigua que Álex se hospeda con ellos. De forma que la casa del campo continúa recibiendo visitas poco deseadas.
Mientras, asistimos a la primera historia de amor entre un refugiado y una chica del presente. Todo apunta a que no acabará demasiado bien, como tampoco lo hará la relación de Emma y Sam con su hijo (el del futuro), el tal Tomás. Cuando el refugiado acude a casa de papá y mamá para pedir algo de ayuda, Álex el Pistolero aparece de la nada y vuelve a ponerlo de patitas en la calle. Sin embargo, se ve obligado a recurrir a él para obtener alguna pista sobre su mujer y su hija, que supuestamente deberían haber llegado a nuestro siglo tras cambiar el futuro en el primer episodio.
Para rematar el episodio, Óscar aprovecha la ausencia de Sam (que está en la iglesia, claro), para hacer otra visita a Emma. Esta vez no es Álex el Escondido quien acude al rescate, si no el mismísimo señor Cruz. Vencido por la evidencia, se ve obligado a enseñar a Óscar el supuesto cadáver del refugiado. Supongo que, cuando tienes tres en el jardín, te resulta fácil hacer paripés de este tipo. El armero ve el cuerpo, y todos contentos. Todos menos el policía, claro, que los pilla con las manos en la masa.
- Hugo... puedo, puedo explicarlo todo.
- Espero que sí Sam, pero tendrás que hacerlo en la comisaría.
Mientras se aleja, Samuel recuerda las palabras del párroco del pueblo:
"Perdonar no consiste en olvidar el pasado, sino en aprender a vivir con él".
El episodio finaliza con una llamada telefónica (nos están mal acostumbrando, ¿verdad?), que atiende la pequeña Ani. Es un mensaje para Álex. Tomás ha encontrado su familia. Llegarán a la casa del campo... en una semana.
El matrimonio Cruz ha arreglado, por fin, sus diferencias. Emma intenta seguir adelante mientras Samuel empieza a atormentarse con el hecho de haber matado a tres personas (cosa que hizo Álex, todo sea dicho) y haberlas enterrado en el bosque junto al perro. La situación en el pueblo tampoco es idílica: el racismo cala tan bien como las sospechas hacia la familia Cruz: la policía haya el coche de Lucas, y todo apunta a nuestros queridos protagonistas. Óscar, el chico malo de la armería, averigua que Álex se hospeda con ellos. De forma que la casa del campo continúa recibiendo visitas poco deseadas.
Mientras, asistimos a la primera historia de amor entre un refugiado y una chica del presente. Todo apunta a que no acabará demasiado bien, como tampoco lo hará la relación de Emma y Sam con su hijo (el del futuro), el tal Tomás. Cuando el refugiado acude a casa de papá y mamá para pedir algo de ayuda, Álex el Pistolero aparece de la nada y vuelve a ponerlo de patitas en la calle. Sin embargo, se ve obligado a recurrir a él para obtener alguna pista sobre su mujer y su hija, que supuestamente deberían haber llegado a nuestro siglo tras cambiar el futuro en el primer episodio.
Para rematar el episodio, Óscar aprovecha la ausencia de Sam (que está en la iglesia, claro), para hacer otra visita a Emma. Esta vez no es Álex el Escondido quien acude al rescate, si no el mismísimo señor Cruz. Vencido por la evidencia, se ve obligado a enseñar a Óscar el supuesto cadáver del refugiado. Supongo que, cuando tienes tres en el jardín, te resulta fácil hacer paripés de este tipo. El armero ve el cuerpo, y todos contentos. Todos menos el policía, claro, que los pilla con las manos en la masa.
- Hugo... puedo, puedo explicarlo todo.
- Espero que sí Sam, pero tendrás que hacerlo en la comisaría.
Mientras se aleja, Samuel recuerda las palabras del párroco del pueblo:
"Perdonar no consiste en olvidar el pasado, sino en aprender a vivir con él".
El episodio finaliza con una llamada telefónica (nos están mal acostumbrando, ¿verdad?), que atiende la pequeña Ani. Es un mensaje para Álex. Tomás ha encontrado su familia. Llegarán a la casa del campo... en una semana.


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